A media vozLos cuentos contenidos en A media voz de Cesia Hirshbein le hacen honor a su título. Estas historias están narradas así: con una voz que se divide entre lo que el lector aprecia a simple vista en las anécdotas que mueven a las mismas; y una segunda parte, que permanece oculta, en las sugerencias, las evocaciones y todo eso que se esconde en lo que aparentemente no está dicho en estos relatos. Se trata de personas que no dejan ver en la autodestrucción o decadencia que les caracteriza las posibles miserias, sombras y oscuridades que bullen en sus conciencias, llenas de pasión, dolor, traumas, historias inconclusas y secretos.

Estas sombras no solo son las habituales, como puede ser las de ese personaje de uno de los cuentos que va de viaje a Europa buscando encontrar lo que su inconstante y furtiva relación sentimental no puede darle, sino que también se refiere a heridas más profundas, sociales o históricas según se vea, que no suelen tratarse habitualmente en la literatura local, como es el caso del peso que el Holocausto nazi tuvo sobre la cultura y las familias judías, que persiste como huella en la conciencia de sus víctimas y sus descendientes que en varias historias de este libro miran al pasado haciendo preguntas incómodas.

Se trata, en general, de un libro complejo, de tantas aristas que conforman un proyecto narrativo singular en un libro de cuentos, ya que pocos autores se proponen cubrir tal diversidad de temas en historias que en general son cortas y se leen en un solo aliento. Pareciera que aquí se hace tangible lo que tantas veces se ha dicho sobre los cuentos: que contienen un mundo en muy pocas páginas. En tal sentido, este segundo libro de relatos de Cesia Hirshbein merece varias lecturas: la de sus historias, como forma de conocer a sus personajes, y la de sus evocaciones, que de seguro dejarán una honda huella en sus lectores, que podrán identificarse con todos esas cosas que solo pueden decirse a media voz.


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